Después de una elección interna, los partidos suelen pedir unidad. Pero unidad no significa necesariamente pensar igual, guardar silencio o apoyar automáticamente cada decisión. Explicamos dónde terminan la cohesión y la disciplina, y dónde empiezan la crítica, el criterio propio y los derechos de la militancia.
La unidad no significa pensar exactamente igual. Explicamos por qué una organización democrática necesita procesar diferencias, escuchar críticas y distinguir entre disentir, obstaculizar y romper.