Capturar, comprar, poseer, transportar o vender fauna silvestre protegida puede tener consecuencias administrativas y, en determinados casos, penales. La especie, su procedencia y las autorizaciones importan.
Decir que un animal “está protegido” no basta para saber qué permite o prohíbe la ley. En México existen categorías específicas de especies en riesgo y cada una tiene un significado jurídico.